Mami Borne: la historia de autoocupación de Ingrid

Jun 18, 2025

Mami Borne: la historia de autoocupación de Ingrid

Jun 18, 2025

A menudo, el autoempleo es una vía para que personas en situación de vulnerabilidad o con trayectorias laborales marcadas por la precariedad puedan recuperar la capacidad de agencia y construir un proyecto vital propio. Acompañar un proceso de emprendimiento en este contexto empieza por la escucha activa de la persona interesada, y por reconocer los conocimientos y las habilidades que ha adquirido y que pueden ser aplicables al proyecto. Una vez la idea está consolidada, se trata de ofrecer asesoramiento técnico y facilitar el acceso a recursos para hacerla realidad. No es solo la creación de un negocio, muchas veces se acompaña a una persona en la construcción de su futuro, y en un camino hacia una mayor autonomía. El caso de Ingrid es un ejemplo vivo de ello.

De la “fonda” de sus abuelos a querer montar su propio local: la historia de Ingrid

A Ingrid siempre le ha gustado cocinar. Aprendió de pequeña, de la mano de su abuela mientras trabajaban en su “fonda”, un comedor social, en República Dominicana. Cuando llegó a Barcelona, empezó a trabajar como camarera de piso en hoteles, de portera, de segunda cocinera y como parte del personal de limpieza. A veces, llevaba la comida que cocinaba al trabajo, para que compañeras y directores probaran sus platos. Uno de los días en que lo hizo, le descubrieron un camino que la llevaría, tiempo después, a ser la propietaria y cocinera del Mami Borne, un local de comida para llevar en el barrio del Borne. 

A raíz del éxito de sus platos, la guiaron hacia entidades que podían ayudarla a emprender y dedicarse a la cocina. Así es como llegó a la Fundación de la Esperanza. Cuando la recibieron en Inserción Laboral, enseguida explicó el deseo de montar un pequeño negocio de comida para llevar.

“Le conté mi idea. Luego, un día, una amiga mía me dijo que se traspasaba un local en el Born. Me gustaba. Estaba dentro del barrio, la gente me conoce. Llamé a la Fundación y se lo conté.”

El acompañamiento que facilitó el emprendimiento

Entonces fue cuando Gerard, técnico de Autoempleo de la Fundación, se puso en contacto con ella y hablaron sobre la idea que tenía para la creación de su negocio. “Y todo empezó”, como explica Ingrid. 
Al servicio de Autoempleo llegan muchas personas que vienen del sector en el cual quieren emprender, o que ya han llevado a cabo la tarea que quieren desarrollar. En el caso de Ingrid, había estado cocinando y vendiendo empanadas y menús de manera informal para las compañeras del barrio, para sacar adelante a su familia. A partir de la experiencia previa, Gerard hace un asesoramiento y una previsión a futuro para analizar la viabilidad del negocio, compartiendo los números con los emprendedores y emprendedoras para poder conocer el umbral de viabilidad y marcarse objetivos. Además, disponer de esta información los ayuda a identificar el estado del negocio una vez está en marcha, y saber si se encuentran dentro del margen de beneficio que les permite seguir funcionando. “Ingrid lleva más de 30 años en el barrio, la conoce todo el mundo... Había diferentes inputs que nos ayudaban a entender que podía tener clientes desde el primer momento”, explica Gerard.

“Iba peluquería por peluquería o me llamaban y decían “Oye, una clienta quiere un menú”. Ya tenía mucha clientela. Entonces, lo que quería era, en vez de salir de mi casa, coger un local”.

Tuvieron que moverse rápido para conseguirlo. A pesar de encontrarse con algunos obstáculos, consiguieron la financiación para adquirir el local que Ingrid había encontrado en el barrio. Sorprendió su tenacidad: se movía y hablaba con quién hiciera falta para que su proyecto saliera adelante. Cuando supo que lo había conseguido, llamó a uno de sus hijos.

“Llamé a uno de mis hijos llorando de emoción. Le dije: “mi príncipe, me lo dieron”. Estaba hablando con él y siento que escucho su voz… ¡Estaba detrás mío! Entonces nos abrazamos y lloramos los dos ahí en la calle”

Un proyecto que da vida al Borne

De aquel abrazo ya hace más de un año, el mismo tiempo que ha estado funcionando el Mami Borne con Ingrid a los fogones, atendiendo con alegría y cariño a todo el que entra a probar su comida casera. Su proximidad ha hecho del local un espacio donde los clientes habituales se sienten como en casa, y la ha convertido en una figura materna para la gente del barrio. Cuando adquirió el local, se llamaba “Mister Borne”, pero pasado un tiempo, decidió cambiar el nombre por uno que la representara mejor.

“No me ha hecho falta publicidad. Soy muy abierta con la gente, se sienten como en casa... vienen hasta a llorarme aquí. Por eso el "Mami". Los clientes me dicen: “es que tú eres la mamá de todos nosotros”. Y comenté con mis hijos la idea y me dijeron que sí. Y ya estamos aquí como Mami Borne”.

Cuando se le pregunta qué es lo que más le gusta de su día a día, ella responde con una sonrisa:

“El roce con la persona. Poder darle un plato de comida a las personas que están en la calle. Se paran muchos ahí, y me piden un plato de comida. Es una de las cosas que más me llenan. 

Y la otra es la relación con los vecinos. Antes no venían y ahora vienen, se toman el cortadito, se toman la bebida y están aquí. El otro día me dijo un abuelo de aquí del lado: "es que cuando tú no estás los lunes, yo no tengo vida".

Con el tiempo, el Mami Borne ha demostrado ir por buen camino: cocineros de otros establecimientos van regularmente, e incluso hay visitantes de otros países que vienen recomendados por clientes anteriores.

La determinación de una emprendedora con aspiraciones de futuro

Gerard no ha dejado de hacer seguimiento del proyecto una vez puesto en marcha. “A los seis meses de empezar la actividad, siempre los contactamos para saber cómo va todo, si tienen dudas o necesitan algo. Y si quieren, pueden seguir viniendo siempre.” Poniendo la vista atrás, destaca como Ingrid salió de su zona de confort y fue tirando las cosas adelante, paso a paso. Explica que cuando se encontraban con dificultades, era cuando veía el nivel de compromiso de Ingrid con su proyecto. Ver como no se rendía ante ningún obstáculo era la certeza más grande que indicaba que abrir el Mami Borne era lo que realmente quería. Hace unos días, la visitó para probar uno de sus menús, y ella le explicó que ya está pensando en el próximo paso.

“Ahora el público me pide otro más grande. Aquí no cabemos".


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