«Llegué por la universidad y ahora quiero continuar»

Jul 30, 2026

«Llegué por la universidad y ahora quiero continuar»

Jul 30, 2026

Ariadna es estudiante de Arquitectura, ha superado ya el segundo curso, y como parte del currículum del grado, este verano tenía que cumplir un requisito: hacer 40 horas de voluntariado.

Tenía claro qué buscaba. «Quería hacer cosas con niños, no quería ponerme en un museo», recuerda. Su madre le habló de la Fundación de la Esperanza, y de un correo y una llamada con el coordinador de voluntariado, salió su lugar en el casal de verano, con el grupo de secundaria.

Los primeros días fueron de adaptación. Nunca había trabajado con un grupo de adolescentes ni en un contexto socioeducativo, y esta experiencia era todo un reto, pero las educadoras la acogieron desde el primer momento. Después de un primer día de presentación, llegaron jornadas llenas de actividades: paddle surf, piscina, playa, el Museo Olímpico… Llegaba a casa cansada, pero muy contenta, explica. Su rol era el de apoyar a las educadoras en aquello que hiciera falta, desde preparar una actividad hasta ayudar a preparar el espacio para las comidas. 

Cuando ya tenía el ritmo cogido, llegó uno de los momentos que la marcó. Hacia el cuarto día, estableció un vínculo especial con algunos de los participantes de quienes había estado más pendiente. Sobre todo, con una chica. «Me empezó a decir que no me fuera nunca, que me quedara», recuerda. «Me dijo que había sido muy buena voluntaria, que me echaría de menos y que esperaba que nos volviéramos a ver.» No fue la única, otros chicos le dijeron lo mismo. «Aquello me hizo pensar en continuar durante el curso.»

Este fue el punto de inflexión: aquello que había empezado como una obligación se había convertido en algo que quería continuar haciendo. «Ahora doy gracias porque la universidad me haya obligado a comprometerme, porque me ha gustado y quiero continuar», admite. Y el cambio fue rápido: «A partir del segundo o tercer día ya...», recuerda. «Venía, me lo pasaba bien y salía contenta; no me suponía ningún esfuerzo.»

Incluso encontró un puente inesperado con sus estudios. «También me gusta que lo he podido llevar hacia la arquitectura. Hago edificios y hago viviendas para personas. Ver diferentes realidades puede llevar a saber que, cuando diseñas para alguien - sea gente mayor, o joven - tienes que saber para qué tipo de persona lo estás haciendo.» Y de aquí pasa a una idea que repite varias veces, la de romper prejuicios. «Mucha gente tiene prejuicios, sobre todo con esta zona, porque la consideran peligrosa. Yo les diría que es muy bonita.» Vecina del Eixample, admite que antes no se acercaba hasta aquí: «Me ha ayudado a conocer otras “Barcelonas”.»

De la experiencia se queda también con una mirada nueva sobre el ocio educativo: descubrió que detrás de cada actividad hay un valor que se trabaja aunque los niños no sean del todo conscientes. «En ese momento no piensas que, si estás haciendo un juego de relevos, estás trabajando la cooperación. Pero, visto desde dentro, inconscientemente lo acabas aplicando todo», reflexiona.

Ahora su intención es volver a la Fundación durante el curso para ayudar con el refuerzo educativo. Sabe que la carrera le pide muchas horas, pero lo tiene claro: «Por un día a la semana lo puedo combinar todo.» Y a quien se lo esté pensando, se lo recomienda sin dudar: «Si te gustan los niños es una experiencia muy gratificante. Y, además, te lo pasas muy bien.»

«Me he sentido muy cómoda. Me gusta tanto que continuaré con lo que pueda.»

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