El verano y el tiempo de vacaciones escolares son periodos especialmente complejos para las familias que atendemos en la Fundación de la Esperanza. Durante el curso, la escuela cubre un amplio horario en el día a día de los niños y garantiza a los padres que sus hijos están en entornos seguros y reciben atención durante muchas horas al día. Llega el verano y las dificultades cotidianas para cubrir necesidades básicas relegan a un segundo plano el tiempo de ocio y generan la percepción que los casales, colonias, esplais y otros espacios son inasequibles. Cuando sus hijos tienen la oportunidad de participar, los beneficios no son solo para los niños sino también para las familias.
El equipo de Atención Social conoce las circunstancias de vida de las familias y las dificultades cotidianas con las que conviven. No es solo la carencia de recursos económicos, es también la carencia de vivienda en condiciones por falta de espacio, por hacinamiento en una habitación, porque están en una pensión; los horarios de trabajo que no permiten conciliar y los niños tienen que pasar mucho tiempos solos; la falta de relaciones y personas de apoyo; el desconocimiento del entorno donde viven y de las oportunidades educativas y de ocio; el barrio que no es un entorno seguro,... Se añade que hay familias que desconocen que el ocio no es solo diversión, sino que es una oportunidad para que sus hijos crezcan, aprendan, se relacionen con otros niños y tengan un verano feliz y seguro.
A lo largo del curso se va trabajando con las familias, de manera anticipada, la organización de los periodos de vacaciones escolares con la certeza que el acceso a casals y colonias tiene un efecto multiplicador sobre el bienestar de toda la familia:
- Aunque ellos no cuenten con recursos, sus hijos pueden acceder a experiencias similares a las de sus compañeros de escuela.
- Se evita la desconexión del ritmo y hábitos escolares. Los niños continúan teniendo rutinas y trabajando habilidades y conocimientos a través del juego, de talleres y de actividades diferentes de las que hacen en la escuela.
- Se encuentran en espacios seguros y organizados, con referentes adultos positivos.
- Pueden distanciarse y aliviar el estrés de las situaciones difíciles que se viven con la familia, vuelven a casa más contentos y motivados y mejora la relación con los padres.
- Tienen cubiertas algunas comidas que les garantizan una alimentación adecuada y se reduce, por lo tanto, el gasto familiar.
- Comparten tiempo con iguales, establecen nuevas relaciones y se evita la soledad y el aislamiento del tiempo sin escuela.
- Salen de casa, del barrio, y descubren nuevos entornos naturales y culturales.
- Tienen experiencias que les generarán recuerdos positivos y bienestar emocional.
- Posiblemente, serán las vacaciones que hará el niño si la familia no puede permitirse un tiempo de descanso o desconexión.
- Hay veces que son los niños los que piden participar en las actividades de verano porque tienen experiencia previa o han oído hablar de ellas y el apoyo y consentimiento de los padres contribuye a mejorar la relación y a compartir el disfrute de los hijos.
En el caso de las familias con niños menores de 3 años, el verano resulta especialmente complicado por el clima, la reducción de servicios y las circunstancias cotidianas que ya se han mencionado. El ofrecimiento de un espacio de ocio y refugio climático con el acompañamiento profesional es muy bien recibido y mejora de manera visible su bienestar personal y el de sus hijos e hijas.
Para todas estas familias, las actividades de ocio no son solo un extra sino un derecho reconocido, una herramienta de inclusión social y de equidad que contribuye de manera eficaz a romper el círculo de la pobreza y contribuir al bienestar individual y familiar.


