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	<title>Autoocupació | Fundació Esperança</title>
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	<title>Autoocupació | Fundació Esperança</title>
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		<title>Mami Borne: la historia de autoocupación de Ingrid</title>
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		<dc:creator><![CDATA[omada]]></dc:creator>
		<pubdate>Wed, 18 Jun 2025 10:32:38 +0000</pubdate>
				<category><![CDATA[Autoocupació]]></category>
		<category><![CDATA[Incorpora]]></category>
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					<description><![CDATA[Sovint, l’autoocupació és una via perquè persones en situació de vulnerabilitat o amb trajectòries laborals marcades per la precarietat puguin recuperar la capacitat d’agència i construir un projecte vital propi. Acompanyar un procés d’emprenedoria en aquest context comença per l’escolta activa de la persona interessada, i reconèixer els coneixements i les habilitats que ha adquirit [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p class="wp-block-paragraph">A menudo, el autoempleo es una vía para que personas en situación de vulnerabilidad o con trayectorias laborales marcadas por la precariedad puedan recuperar la capacidad de agencia y construir un proyecto vital propio. Acompañar un proceso de emprendimiento en este contexto empieza por la escucha activa de la persona interesada, y por reconocer los conocimientos y las habilidades que ha adquirido y que pueden ser aplicables al proyecto. Una vez la idea está consolidada, se trata de ofrecer asesoramiento técnico y facilitar el acceso a recursos para hacerla realidad. No es solo la creación de un negocio, muchas veces se acompaña a una persona en la construcción de su futuro, y en un camino hacia una mayor autonomía. El caso de Ingrid es un ejemplo vivo de ello.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>De la “fonda” de sus abuelos a querer montar su propio local: la historia de Ingrid</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">A Ingrid siempre le ha gustado cocinar. Aprendió de pequeña, de la mano de su abuela mientras trabajaban en su “fonda”, un comedor social, en República Dominicana. Cuando llegó a Barcelona, empezó a trabajar como camarera de piso en hoteles, de portera, de segunda cocinera y como parte del personal de limpieza. A veces, llevaba la comida que cocinaba al trabajo, para que compañeras y directores probaran sus platos. Uno de los días en que lo hizo, le descubrieron un camino que la llevaría, tiempo después, a ser la propietaria y cocinera del Mami Borne, un local de comida para llevar en el barrio del Borne.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">A raíz del éxito de sus platos, la guiaron hacia entidades que podían ayudarla a emprender y dedicarse a la cocina. Así es como llegó a la Fundación de la Esperanza. Cuando la recibieron en Inserción Laboral, enseguida explicó el deseo de montar un pequeño negocio de comida para llevar.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">“Le conté mi idea. Luego, un día, una amiga mía me dijo que se traspasaba un local en el Born. Me gustaba. Estaba dentro del barrio, la gente me conoce. Llamé a la Fundación y se lo conté.”</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>El acompañamiento que facilitó el emprendimiento</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Entonces fue cuando Gerard, técnico de Autoempleo de la Fundación, se puso en contacto con ella y hablaron sobre la idea que tenía para la creación de su negocio. “Y todo empezó”, como explica Ingrid.&nbsp;<br>Al servicio de Autoempleo llegan muchas personas que vienen del sector en el cual quieren emprender, o que ya han llevado a cabo la tarea que quieren desarrollar. En el caso de Ingrid, había estado cocinando y vendiendo empanadas y menús de manera informal para las compañeras del barrio, para sacar adelante a su familia. A partir de la experiencia previa, Gerard hace un asesoramiento y una previsión a futuro para analizar la viabilidad del negocio, compartiendo los números con los emprendedores y emprendedoras para poder conocer el umbral de viabilidad y marcarse objetivos. Además, disponer de esta información los ayuda a identificar el estado del negocio una vez está en marcha, y saber si se encuentran dentro del margen de beneficio que les permite seguir funcionando. <em>“Ingrid lleva más de 30 años en el barrio, la conoce todo el mundo... Había diferentes inputs que nos ayudaban a entender que podía tener clientes desde el primer momento”</em>, explica Gerard.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">“Iba peluquería por peluquería o me llamaban y decían “Oye, una clienta quiere un menú”. Ya tenía mucha clientela. Entonces, lo que quería era, en vez de salir de mi casa, coger un local”.</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Tuvieron que moverse rápido para conseguirlo. A pesar de encontrarse con algunos obstáculos, consiguieron la financiación para adquirir el local que Ingrid había encontrado en el barrio. Sorprendió su tenacidad: se movía y hablaba con quién hiciera falta para que su proyecto saliera adelante. Cuando supo que lo había conseguido, llamó a uno de sus hijos.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">“Llamé a uno de mis hijos llorando de emoción. Le dije: “mi príncipe, me lo dieron”. Estaba hablando con él y siento que escucho su voz… ¡Estaba detrás mío! Entonces nos abrazamos y lloramos los dos ahí en la calle”</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Un proyecto que da vida al Borne</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">De aquel abrazo ya hace más de un año, el mismo tiempo que ha estado funcionando el Mami Borne con Ingrid a los fogones, atendiendo con alegría y cariño a todo el que entra a probar su comida casera. Su proximidad ha hecho del local un espacio donde los clientes habituales se sienten como en casa, y la ha convertido en una figura materna para la gente del barrio. Cuando adquirió el local, se llamaba “Mister Borne”, pero pasado un tiempo, decidió cambiar el nombre por uno que la representara mejor.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">“No me ha hecho falta publicidad. Soy muy abierta con la gente, se sienten como en casa... vienen hasta a llorarme aquí. Por eso el "Mami". Los clientes me dicen: “es que tú eres la mamá de todos nosotros”. Y comenté con mis hijos la idea y me dijeron que sí. Y ya estamos aquí como Mami Borne”.</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando se le pregunta qué es lo que más le gusta de su día a día, ella responde con una sonrisa:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">“El roce con la persona. Poder darle un plato de comida a las personas que están en la calle. Se paran muchos ahí, y me piden un plato de comida. Es una de las cosas que más me llenan.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y la otra es la relación con los vecinos. Antes no venían y ahora vienen, se toman el cortadito, se toman la bebida y están aquí. El otro día me dijo un abuelo de aquí del lado: "es que cuando tú no estás los lunes, yo no tengo vida".</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Con el tiempo, el Mami Borne ha demostrado ir por buen camino: cocineros de otros establecimientos van regularmente, e incluso hay visitantes de otros países que vienen recomendados por clientes anteriores.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La determinación de una emprendedora con aspiraciones de futuro</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Gerard no ha dejado de hacer seguimiento del proyecto una vez puesto en marcha. “A los seis meses de empezar la actividad, siempre los contactamos para saber cómo va todo, si tienen dudas o necesitan algo. Y si quieren, pueden seguir viniendo siempre.” Poniendo la vista atrás, destaca como Ingrid salió de su zona de confort y fue tirando las cosas adelante, paso a paso. Explica que cuando se encontraban con dificultades, era cuando veía el nivel de compromiso de Ingrid con su proyecto. Ver como no se rendía ante ningún obstáculo era la certeza más grande que indicaba que abrir el Mami Borne era lo que realmente quería. Hace unos días, la visitó para probar uno de sus menús, y ella le explicó que ya está pensando en el próximo paso.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">“Ahora el público me pide otro más grande. Aquí no cabemos".</p>



<figure class="wp-block-gallery has-nested-images columns-default is-cropped wp-block-gallery-1 is-layout-flex wp-block-gallery-is-layout-flex">
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</blockquote>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph"><br></p>
</blockquote>]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>La receta de un plan redondo</title>
		<link>https://www.fundacioesperanca.org/es/la-recepta-dun-pla-rodo/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[omada]]></dc:creator>
		<pubdate>Thu, 27 Jun 2024 06:44:00 +0000</pubdate>
				<category><![CDATA[Autoocupació]]></category>
		<category><![CDATA[Històries d'Esperança]]></category>
		<category><![CDATA[Testimoni]]></category>
		<guid ispermalink="false">https://www.fundacioesperanca.org/?p=7358</guid>

					<description><![CDATA[Un pastís de formatge no havia donat mai per a tant, o gairebé mai. D’un primer cheesecake preparat a casa per matar el temps lliure a un negoci que elabora vint unitats d’aquest saborós pastís cada dia, a més d’altres pastissos i dolços, només hi van uns pocs anys. La recepta? Passió, esforç, un pessic [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p class="has-drop-cap wp-block-paragraph"><mark style="background-color:rgba(0, 0, 0, 0)" class="has-inline-color has-luminous-vivid-amber-color">N</mark>unca, o casi nunca, un pastel de queso había dado para tanto. De un primer cheesecake preparado en casa para matar el tiempo libre a un negocio que elabora veinte unidades de esta sabrosa tarta cada día, además de otros pasteles y dulces, solo median unos pocos años. ¿La receta? Pasión, esfuerzo, un pellizco de suerte, amor por un trabajo bien hecho y el acompañamiento de la Fundación de la Esperanza. Dulzura Mía es hoy un sueño consolidado, el sueño de Oner y Diana, que planea crecer con nuevos productos y nuevas aperturas de tiendas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El emprendimiento corre por las venas de Oner. Lo vivió en su casa, en Venezuela. Hijo de comerciantes, sus padres pusieron en marcha diferentes negocios. Él también lo intentó con apenas dieciocho años, pero después de haber hecho todo el trabajo de campo, el estudio de mercado, de haber averiguado qué necesitaba para abrir una pizzería, otro se quedó con su idea y con su negocio. La experiencia le dejó un sabor agridulce, pero no acabó con sus ganas de emprender y de volar. En 2007, pocos días antes de cumplir los veintiuno, viajó hasta Sitges, donde ya vivía una de sus hermanas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Con ganas de comerse el mundo, Oner fue rodando de cocina en cocina, ya fuera en un chiringuito de playa, en un bar de comidas o en un restaurante de postín. En Sitges, en Vilanova i la Geltrú, en Cubelles, en Barcelona... Aprendió cocina entre brasas, sartenes y cacerolas, descubrió nuevos productos e introdujo en los menús otros muy apreciados en su tierra, como el mango verde. Su proceso de formación como chef culminó cuando en Barcelona trabajó para un reputado cocinero del que aprendió también los secretos de la repostería y unas cuantas recetas que, aún hoy, sigue elaborando.&nbsp;</p>



<p class="has-text-align-center has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Durante largos meses, la fundación ayudó a Oner a elaborar un plan de negocio que fuese viable.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Y fue trabajando en un restaurante de este chef que Oner conoció a Diana, una joven rusa que justo acababa de terminar en Barcelona un máster y que, por ganarse unos euros, hacía unas horas en este local de El Born recibiendo a los clientes. Cerró el restaurante y, ya como pareja, se trasladaron de nuevo a Sitges, donde la hermana de Oner les ofreció trabajo. A él, para llevar un restaurante de comida a la brasa que acababa de abrir con un socio; a ella, que ya había decidido quedarse en España, sirviendo copas en un pub. Y allí, por llenar el tiempo libre, Diana preparó su primer pastel de queso. El resultado fue... ¡espectacular!</p>



<p class="wp-block-paragraph">La aventura en Sitges llegó a su fin, también con un sabor agridulce para Oner, que vio cómo las promesas económicas que le habían hecho no se cumplían. Vuelta a Barcelona. Gracias a su experiencia y a un cuidado book de presentación, con fotos de sus creaciones gastronómicas, a Oner no le fue difícil encontrar trabajo. Recibió el encargo de poner en marcha desde cero un restaurante especializado en brunch. Los primeros proveedores de tartas que tuvo no resultaron de su agrado; él, que sabe de repostería, pensaba que no era un producto de calidad. Así que planteó que Diana preparara su cheesecake para servir en el restaurante. La idea fue aceptada por los propietarios, que plantearon también que por qué no hacía otras tartas, como la de zanahoria o la vistosa red velvet. Con la ayuda y los conocimientos de Oner, Diana se puso manos a la obra, buceó en recetas, investigó ingredientes y probó y probó hasta que las tartas salieron de su horno con una nota de diez. Unos meses después, el proyecto se truncó para Oner. Se quedó en el paro. Y casi al mismo tiempo que él perdía el empleo, Diana supo que estaba embarazada de su primera hija, Yara. ¿Y ahora qué? Pues a hacer tartas y a venderlas en restaurantes. Dicho y hecho, porque así de resolutivo es Oner. Iban tirando, pero había que ir un paso más allá para formalizar la situación y poder facturar a los clientes. Oner pensó en capitalizar el poco paro que tenía y darse de alta en autónomos. Y eso ¿cómo se hace? Fue a su oficina bancaria para buscar consejo y ayuda y lo que encontró fue más que eso. Halló la llave de paso de su futuro. De allí lo derivaron a la Fundación de la Esperanza, donde le dieron la mano y lo acompañaron hasta que esa idea de negocio, Dulzura Mía, fue una realidad.</p>



<figure class="wp-block-pullquote has-medium-font-size"><blockquote><p><em>“Dulzura Mía es hoy un sueño consolidado, el sueño de Oner y Diana.”</em></p></blockquote></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Roser, la responsable de la línea de autoempleo de la Fundación de la Esperanza, aportó el seny; Oner, la rauxa. Lo primero que se hizo desde la Fundación de la Esperanza fue ayudar a Oner en el proceso de darse de alta en la Seguridad Social como trabajador autónomo. Con eso, ya podía facturar y buscar más clientes. Pero treinta tartas a la semana no eran suficientes para acceder a financiación. Así que Oner y Diana se lanzaron a buscar más clientes, a vender más tartas... Del horno de su casa cada noche salían más y más pasteles. Con mejores números, la fundación lo empezó a ver más claro y durante largos meses ayudó a Oner a elaborar el plan de negocio para demostrar su viabilidad y solidez cara a obtener el microcrédito de MicroBank. Para su obtención, era imprescindible contar con un local en el que instalar el obrador. Semanas de búsqueda infructuosa hasta que un buen día, mirando por la ventana de la cocina de su casa, Oner vio que en los pisos que estaban construyendo a la vuelta de la esquina acababan de colocar una salida de humos. ¡Eureka! Ahí estaba su salida de humos. Fue a interesarse por el local, presentó una detallada propuesta sobre el negocio que quería montar en él y la suerte quiso que la propietaria, que había hecho su patrimonio en el sector de las panaderías, confiara en él. No solo se avenía a alquilar el local, sino que les daba cuatro meses de carencia –en lugar de los dos que Oner había solicitado– para que pudieran acondicionar el espacio.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Con el precontrato de alquiler corrió a la fundación, que, con la misma rapidez, inició los trámites para que le fuera concedido un microcrédito de 25.000 euros a devolver en seis años. Casi la mitad del préstamo se fue en comprar electrodomésticos y otra parte importante en adaptar el local a las necesidades del futuro negocio. En julio de 2019, Dulzura Mía estrenaba su obrador y una pequeña tienda, con una vitrina, para satisfacer la creciente demanda de los restaurantes y captar al público de la calle. Por aquel entonces, Oner y Diana ya elaboraban cien tartas a la semana. Unas tartas que, por cierto, repartían en bicicleta. Cuando pudieron, se compraron una bici eléctrica para hacer más fácil y rápida la distribución.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El negocio marchaba y ellos, con su pequeña Yara de dos años, eran felices. Para captar más clientes particulares, firmaron un contrato con una plataforma de reparto de comida a domicilio. Pero llegó la pandemia y el estado de alarma, que llevó a los restaurantes al cierre. Los hornos de Dulzura Mía empezaron a funcionar a medio gas; casi no tenían a quien vender. Hasta que firmaron un contrato con otra plataforma de reparto de comida a domicilio y, a partir de ahí, la máquina que avisa de los pedidos no dejó de sonar. Recibieron incluso uno desde el extranjero, una mujer de Alemania que quería enviar un pastel a su hijo que vivía en Barcelona. También de un cliente que clicó en todos los productos disponibles, desde tartas enteras hasta porciones, por un importe superior a trescientos euros. Y no era un error, no, el cliente sabía que su mujer quería algo dulce y la obsequió con toda la tienda. Día de la Madre, monas de Pascua, cumpleaños..., hornos a tope. Y ahí fue cuando Oner vio la oportunidad de reorientar el negocio. No más restaurantes, de los cuales algunos tardaron meses en saldar su deuda de la pandemia con Dulzura Mía, y a focalizarse en el cliente particular.</p>



<figure class="wp-block-pullquote has-medium-font-size"><blockquote><p><em>“Ahora, cada paso que da está meditado. No se pueden dar pasos en falso.”</em></p></blockquote></figure>



<p class="wp-block-paragraph">La Fundación de la Esperanza se preocupó por ellos durante el confinamiento, llamaba para saber cómo les iba y fue quien les puso sobre la pista de los préstamos extraordinarios que se estaban concediendo para paliar los efectos de la pandemia. Gracias a uno de estos créditos, pudieron abrir una segunda tienda. Y ya van por cinco, en diferentes ubicaciones de Barcelona, con más de veinte trabajadores contratados que comparten sus mismos valores y su pasión por el trabajo bien hecho. Oner y Diana son plenamente conscientes de que con cada puesto de trabajo que crean ayudan a un grupo familiar y eso les llena de orgullo. Una familia que crece en el plano laboral, pero también en el personal. La pareja dio en 2021 la bienvenida a su segunda hija, Adriana.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Oner sabe que sin la Fundación de la Esperanza la historia de Dulzura Mía sería otra. Allí aprendió a madurar las ideas, a tener toda la información antes de lanzarse de cabeza a un proyecto. El seny frente a la rauxa. Ahora, cada paso que da está meditado, bien preparado y planificado. No se pueden dar pasos en falso. Y es con todo este aprendizaje que Oner y Diana preparan la expansión de Dulzura Mía a otros barrios de Barcelona y a localidades periféricas y planean abrir un local para servir brunch. Poco a poco, haciéndolo cada día un poco mejor, siendo honestos consigo mismos y con sus clientes. Para seguir con su plan tan redondo como sus deliciosas tartas.</p>



<p class="has-text-align-center has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Con cada puesto de trabajo que crean ayudan a un grupo familiar y eso les llena de orgullo.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>“Lo más importante es tener a alguien que confía en ti”</title>
		<link>https://www.fundacioesperanca.org/es/mes-important-tenir-algu-que-confia/</link>
					<comments>https://www.fundacioesperanca.org/es/mes-important-tenir-algu-que-confia/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[omada]]></dc:creator>
		<pubdate>Thu, 03 Nov 2022 12:32:16 +0000</pubdate>
				<category><![CDATA[Autoocupació]]></category>
		<category><![CDATA[Incorpora]]></category>
		<category><![CDATA[Inserció laboral]]></category>
		<guid ispermalink="false">http://fundacio-esperanca-dev.omada.es/?p=3465</guid>

					<description><![CDATA[Per a la Maria, els mesos de confinament i la crisi econòmica que està arrossegant la pandèmia de la Covid-19, han significat l’empenta definitiva que li faltava per començar el seu propi negoci. La seva recepta per tirar endavant està feta amb una base d’ametlla, avellana, gra de fajol i oli de coco, sense sucres [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p class="wp-block-paragraph">Para María, los meses de confinamiento y la crisis económica que arrastra la pandemia de la Covid-19, han significado el empujón definitivo que le faltaba para empezar su propio negocio. Su receta para salir adelante está hecha con una base de almendra, avellana, grano de alforfón y aceite de coco, sin azúcares refinados y utilizando solo productos de proximidad. Así es como prepara la granola, un producto que cada vez está cogiendo más popularidad y que ella ha empezado a producir y a vender en tiendas de alimentación ecológica y en otros establecimientos especializados.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Todo empezó cuando cerró la cafetería donde trabajaba a media jornada” explica María. Ella hacía dos años que preparaba la receta para sus amigos y familiares, pero al quedarse sin trabajo debido al confinamiento decidió que tenía que poner todas sus energías y fuerzas en su idea de emprendimiento. A pesar de las ganas y el empujón inicial, María reconoce que: “iba muy perdida, no sabía por donde empezar y sentía que, si eres joven y emprendedor, te faltan muchas herramientas y recursos donde poder apoyarte”. Para encontrar una solución acudió al servicio de emprendimiento de la Fundación de la Esperanza para poder solicitar el pago único de la prestación por desocupación y así crear y desarrollar su marca de granola ecológica: Sa Granola.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Joselia también vio como durante los meses de confinamiento su pequeño negocio que empezó a través de internet, crecía hasta convertirse en su medio de vida. En su caso, necesitaba un local físico para tramitar los pedidos y almacenar los productos de cosmética natural con ingredientes exóticos que vendía través de plataformas como Amazon. Tanto ella como María tenían una buena idea, pero les faltaba la financiación necesaria para hacer realidad su negocio, hasta que se pusieron en manos de Roser, del servicio de Autoempleo y Emprendimiento de la Fundación de la Esperanza. “En la Fundación ayudamos a pequeños negocios y a emprendedores y emprendedoras a vestir el proyecto empresarial, hacemos un buen plan de negocio, ayudamos a obtener la financiación necesaria para poder hacer frente a la inversión inicial mediante microcréditos sociales de MicroBank, o bien la capitalización del paro, y hacemos un seguimiento de la viabilidad del proyecto” explica Roser.</p>



<h3 class="wp-block-heading"><strong>Ayuda a empresas afectadas por la Covid-19</strong></h3>



<p class="wp-block-paragraph">María y Joselia son dos ejemplos de las 107 empresas creadas, 138 planes de empresas finalizados y 272 personas atendidas por el servicio de Autoempleo y Emprendimiento durante el año 2020. Este servicio trabaja estrechamente con las oficinas de CaixaBank para que personas en una situación de vulnerabilidad financiera puedan ir hacia adelante con sus ideas de negocio y emprendimiento y salir de una situación de desocupación laboral. En concreto, a través de la línea de financiación de MicroBank, en el banco social de ”la Caixa” las personas emprendedoras pueden acceder a la financiación necesaria para hacer realidad su proyecto: “Creemos en ellos, lo hacemos patente en su plan de empresa y certificamos la viabilidad para que MicroBank les conceda financiación” señala Roser.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero en el último año, el servicio también ha notado con fuerza los estragos de la pandemia. “Por el barrio donde estamos y por el tipo de comercios que tenemos alrededor, hemos recibido muchas derivaciones de pequeñas empresas y negocios que están al límite de desaparecer”. En todos los casos, desde el servicio se guía a las personas para gestionar las incertidumbres del momento y encontrar las mejores soluciones. Más allá del asesoramiento y la ayuda, Roser concluye: “A menudo lo más importante para las personas emprendedoras es saber que tienen a alguien que confía en ti y en tu negocio”.</p>]]></content:encoded>
					
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