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Una nueva oportunidad con los patinetes eléctricos

noviembre 2019

Fundació de l'Esperança

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Los patinetes eléctricos son sin  duda una forma de movilidad que va en auge. Por los carriles bici y las calles de nuestras ciudades cada vez es más habitual ver gente desplazándose con ellos. Una auténtica revolución que además tiene muchos beneficios: es respetuosa con el medio ambiente (cero emisiones de CO2), son cómodas y fáciles de conducir y permiten llegar a cualquier lugar de forma rápida y segura, incluso a aquellos sitios donde no hay estación de metro y sin tenerse que preocupar por donde dejar aparcada la moto o el coche.

Además, ya no es necesario que los usuarios compren un patinete eléctrico, sino que cada vez hay más empresas de micromovilidad que permiten, a través de una aplicación móvil, encontrar y usar el patinete dentro de la ciudad siempre que lo necesites. En definitiva, una opción que cada día va ganando más usuarios y adeptos, y representa un sector al alza que está creciendo, con impulso y popularidad.

Detrás de este auténtico boom también hay empresas y proyectos que trabajan para hacer de las ciudades un lugar más próximo y habitable, favoreciendo la cohesión y con responsabilidad social. Un buen ejemplo es el proyecto que en el mes de noviembre puso en marcha por primera vez la Fundación de la Esperanza trabajando en red con Reby, una startup nacida hace un año en Barcelona y que cuenta con más de 400 patinetes eléctricos por toda la ciudad.

Aprender a reparar patinetes para volver al mercado laboral

En el barrio de Gornal, en  L’Hospitalet de Llobregat, detrás de una persiana metálica hay un amplio taller dentro del que, a primera vista, podría haber 300 patinetes de Reby. Son las 10:30 de la mañana de un jueves y Amparo, Raúl, Vicente, Mohammed y Bemba hace ya media hora que trabajan. Con la ayuda y las indicaciones de Jerson, que es el facilitador del curso, desde hace una semana aprenden a reparar y a realizar el mantenimiento de los patinetes. El objetivo es que entiendan el funcionamiento y la mecánica de los motores eléctricos y del resto de piezas, una experiencia que les ayudará a abrirse camino o a reinsertarse en el mercado laboral para salir de una situación de vulnerabilidad.

Por la destreza y habilidad de Amparo con la llave inglesa y el destornillador eléctrico, cuesta creer que tan solo haga tres días que ha comenzado el curso: “En casa, mi marido siempre me dice que soy una manitas”, afirma con una sonrisa pero sin apartar la vista de los cables de la controladora del patinete. Antes había realizado distintos trabajos, el último en una agencia de marketing telefónico, pero no se veía todo el día trabajando ante un ordenador. “Me gusta lo que hago aquí, ahora me siento mucho más realizada y cada día aprendo algo nuevo”, asegura. A su lado, Vicente le ayuda, ya que el patinete pesa unos 23 kilos y se necesitan dos personas para manipularlo: “Poco a poco voy cogiendo confianza con las herramientas” dice. “Yo he trabajado de taxista, conductor de autobuses y mensajero, esto es un mundo nuevo para mí y una nueva oportunidad, me gusta” afirma.

Carolina, responsable de recursos humanos de Reby, explica la colaboración con la Fundación de la Esperanza: “Buscamos aportar nuestro grano de arena en las ciudades donde estamos, ofrecer nuevas oportunidades laborales a personas que las necesitan, y así nos encontramos con la Fundación”. Para hacer la formación no se buscaba gente con experiencia ni con conocimientos de mecánica o de vehículos eléctricos, “en cambio queríamos a personas con diferentes habilidades y también ser inclusivos dando la oportunidad a familias monomarentales para que participaran en el proyecto”, explica.

Entre el ruido ensordecedor de las herramientas y el trabajo en el taller, en un rincón se escuchan unos ritmos de música reggae: Stand up for your rights canta Bob Marley desde un móvil. “La música me encanta y me ayuda a concentrarme”, dice Bemba. Desde bien pequeño ha estado ayudando a reparar los coches y las motos en el taller de su padre en Senegal. Hace ocho años que vive en Barcelona y tras pasar por diversos trabajos temporales como mozo de almacén, espera encontrar un trabajo ahora que ha aprendido a reparar un motor eléctrico, ya sea un patinete, una bicicleta o un seegway.

Al terminar la formación quien quiera continuar pasará a realizar prácticas en la misma empresa Reby, ya sin la ayuda de Jerson. “En poco tiempo han aprendido rápido, desde desmontar el patinete de arriba a abajo hasta reparar la dirección, las luces o el motor”. “Con lo que han aprendido pueden tener una salida laboral en un sector en crecimiento donde necesitamos mucha gente, o reparando vehículos eléctricos en una tienda; además los veo muy motivados”, asegura.

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