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Gestionar el miedo en tiempos de la COVID

octubre 2020

Fundación de la Esperanza

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Miedo a contagiarnos y a contagiar, miedo a equivocarnos, miedo a la incertidumbre, miedo a acercarnos a otras personas… La COVID genera, entre otras cosas, miedo a múltiples situaciones, especialmente entre las personas más vulnerables. Pero, ¿el miedo es solo una emoción? ¿Es buena o es mala? ¿Nos afecta solo mentalmente o también físicamente? La Fundación de la Esperanza ha organizado varios talleres para enseñar a usuarias y usuarios a gestionar el miedo en tiempo de pandemia.

Una de las asistentes al taller, Safia, madre de tres hijos, vivió durante el estado de alarma una situación angustiosa como la de tantas otras personas. “Mi marido se puso enfermo, con mucha fiebre (uno de los principales síntomas de la COVID) y durante casi un mes pasé mucho miedo por si mis hijos se contagiaban”, asegura. Un miedo real que no la dejaba descansar y le provocaba incluso vómitos pero que aun así no la paró sino al contrario, generó una respuesta activa, que la ayudó a cuidar de los suyos.

El miedo es una emoción, una respuesta instintiva a una amenaza externa, que cuando llega a la parte del cerebro que gestiona el razonamiento se convierte en sentimiento. Por lo tanto, el miedo no es ni bueno ni malo, puesto que nos ayuda a estar alerta o a huir de situaciones peligrosas. Pero el miedo genera sentimientos que sí que pueden ser positivos o negativos. Por eso, lo realmente importante es como somos capaces de gestionarlo, evitando que nos bloquee y permitiendo que nos ayude a actuar con sensatez.

Razonar: la mejor estrategia

 

Acudir a la razón es el principal mecanismo para evitar que el miedo nos pare. “En determinadas situaciones de esta pandemia es habitual sentir miedo y ponernos en el peor de los casos pero, en función de cómo reaccionemos (bloqueándonos o actuando), será menos o más sencillo combatirlo”, aseguran las responsables del taller. El insomnio, la irritabilidad, fobias, reactividad desproporcionada o incluso el refugio en algunas adicciones pueden ser una respuesta física y mental al miedo. Buscar datos objetivos o actuar con responsabilidad y precaución son algunas estrategias que nos permiten reaccionar mejor.

Pero además de razonar hay otras cosas que podemos hacer para minimizar el miedo: reducir el consumo de azúcar, seguir una dieta saludable, mantenernos activos, respetar las horas de sueño, relajarnos o distraernos en otras actividades que nos gusten, son algunos ejemplos.

 

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