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Formación y punto de encuentro del voluntariado

octubre 2021

Fundación de la Esperanza

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El mes de octubre la Fundación de la Esperanza ha reunido a unas treinta personas voluntarias en una jornada de formación orientada a fortalecer al equipo que acompaña y apoya los proyectos de la Fundación. Este espacio de encuentro ha permitido generar vínculos entre los y las voluntarias así como dar a conocer la tarea que cada uno lleva a cabo.

El auditorio de la Fundación de la Esperanza ha sido escenario de esta jornada formativa, en la que se han analizado las claves de la acción voluntaria en la post pandemia así como también los derechos y deberes de los voluntarios, la relación con los profesionales que trabajan en la Esperanza y otros temas relativos al día a día de los voluntarios.

Además de un espacio formativo, esta sesión también ha servido para conectar personas que no siempre coinciden, así como para entender la tarea que hacen unos y otras y que, en conjunto, tiene un gran impacto en el proceso de inserción social de las personas que hacen uso de los servicios de la Fundación.

Mientras hacen una pausa para tomar un café, hablamos con Magdalena y Diego, que a pesar de encontrarse en situaciones vitales muy diferentes, comparten su compromiso hacia la tarea voluntaria. “Hace dos años que colaboro con la Fundación, dando apoyo escolar a adolescentes: les ayudo a estudiar, a hacer deberes, etc. Hoy he podido conocer a otras personas que tienen ganas de colaborar, y ha sido muy interesante el ejercicio que hemos hecho para recordar que, antes de ayudar a alguien, primero debes preguntar si quiere que le ayudes”. Magdalena tiene 35 años y trabaja en una empresa de publicidad. Diego, en cambio, está jubilado y hace seis meses que colabora con la Fundación. Nos explica que le gusta especialmente el enfoque del acompañamiento que se hace desde esta entidad puesto que “ofrecen herramientas para que aquellos que lo necesiten puedan desarrollarse tanto personal como profesionalmente”.

La formación ha puesto énfasis en el hecho que el voluntariado es una manera de transformar desde las capacidades y habilidades de cada persona, y es por eso que une a personas tan distintas. Dhay, Victoria y Lea son un claro ejemplo. Las tres son estudiantes, tienen entre 19 y 21 años, y hace meses que colaboran con el Centro Abierto de la Fundación de la Esperanza. “Nos lo pasamos muy bien con los niños, y hemos establecido vínculos con ellos”.

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