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Enhebrar la aguja de la inserción laboral

septiembre 2019

Fundació de l'Esperança

Desde principios de mayo y durante dos meses, el taller de costura Emili Papirer, situado en un callejón del barrio del Born de Barcelona, ha acogido unas clases de costura muy especiales. La mayoría de las diez alumnas del curso era la primera vez que se ponían ante una máquina de coser, otras ya sabían hacer el dobladillo de unos pantalones, pero poca cosa más. Para todas ellas, el curso ha representado la oportunidad que estaban esperando para encontrar un trabajo, insertarse en el mundo laboral y poder salir de una situación personal de vulnerabilidad. El curso ha sido posible gracias al trabajo en red entre la Fundación de la Esperanza y la Fundación Roure, que trabajan juntas en estos y en otros proyectos de acción social de proximidad.

Esfuerzo, concentración e implicación

“Pero no todo ha sido coser y cantar” asegura Daniela, la profesora. “Coser requiere esfuerzo y concentración pero, sobre todo, implicación”. En el taller siempre había alboroto, “no porque las máquinas hicieran ruido, sino porque todas ellas me preguntaban ilusionadas y motivadas cuestiones técnicas que estaban trabajando”. Asegura que en estos dos meses de clase se ha hablado y dialogado mucho. “Nos hemos adaptado al ritmo y a las necesidades técnicas y personales de cada una, así hemos logrado un ambiente muy positivo y hemos conseguido crear un espacio de amistad entre las chicas, donde los problemas quedaban afuera”, dice Daniela.

Las alumnas la adoran: “Daniela ha tenido mucha paciencia y estamos muy contentas con ella”, explica Hannae con una sonrisa. Ella es madre de dos adolescentes, “el de 15 años es el que ha roto más pantalones”, dice, y por eso ya estaba acostumbrada a hacer dobladillos y remiendos. Pero unos meses antes no podía ni imaginar que encontraría su primer trabajo de costurera. Ahora manipula la máquina con mano delicada pero firme para que la costura salga del todo recta. Desde principios de julio trabaja en la empresa donde hizo las prácticas del curso, un trabajo que ha traído estabilidad, para ella y para su familia.

Cristina está sentada ante otra máquina de coser y corrobora lo que dice Hannae: “Esto era de locos, pero Daniela ha sido muy atenta con todas”. De las máquinas que han aprendido a utilizar, cree que la plana es la más fácil, pero la overlock “¡te hace unos acabados espectaculares!”. Tras un mes de prácticas en una empresa donde hacían manteles de lino, está esperando que pase el verano para encontrar un trabajo: “Al principio no tenía ni idea de coser, pero el curso me ha gustado mucho y te quedas con ganas de aprender más”. Con el empujón de haber terminado, quiere retomar los estudios a partir de septiembre, a pesar de que todavía está indecisa sobre qué especialidad elegir: “Me gusta el interiorismo, pero si encontrara algo de moda, ahora que he aprendido a coser, también me gustaría”.

Motivación para recuperar la autoestima

Entre hilos, máquinas de coser, recortes de ropa y costuras, al cabo de los meses se ha ido creando un grupo entre las alumnas, que hablan de los temas que les preocupan, además de ayudarse y animarse entre ellas a salir adelante. Los aspectos más personales, como recuperar la autoestima y la seguridad, la comunicación y el trabajo en equipo, los trata Maite, la orientadora de inserción laboral de la Fundación de la Esperanza, que cada viernes se reunía con ellas. “Más allá de las técnicas de costura, también es importante acompañarlas y concienciarlas para que puedan afrontar el estrés o las auto-exigencias personales de empezar unas prácticas, unos estudios o un trabajo nuevo, y continuar motivadas”.

Al terminar el curso celebran en el propio taller una entrega de diplomas que las acredita como operarias de máquinas de coser industrial. Con abrazos y sonrisas se reencuentran y se saludan con Daniela, con Maite y con Llum Delàs, responsable de la Fundación de la Esperanza. Muchas de las chicas ya han empezado un nuevo trabajo, otras tendrán que esperar a que se materialice la oportunidad. “En estos meses nos habéis enseñado vuestra resiliencia, ahora tenéis que creer en vosotras mismas”, dice Delàs después de que las chicas se hagan una foto de grupo enseñando los diplomas, “confiamos en vosotras” asevera.

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