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El casal, un oasis en el desierto de la pandemia

julio 2020

Fundación de la Esperanza

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El Casal de Verano de la Fundación de la Esperanza es un oasis en el desierto de la pandemia para más de 90 niños y niñas de Ciutat Vella y sus familias. Miedo, angustia, preocupación, carencias emocionales, sociales, educativas y de recursos económicos… La situación de confinamiento ha comportado todos estos (y más) problemas añadidos a la situación de vulnerabilidad de muchas familias. Después de tantos días en casa y tantas necesidades sin cubrir, los niños y las niñas respiran la esperanza de volver a ser niños como mínimo durante el verano.

A diferencia de años anteriores, este año el casal tiene una mayor duración “para cubrir las necesidades básicas de las familias, como por ejemplo procurar el desayuno y el almuerzo a los niños y niñas, y ofrecer un espacio de recreo y entretenimiento pero también de refuerzo educativo que ayude a paliar la brecha producida por el confinamiento y la falta de recursos”, dice Eva Gómez, responsable de los Servicios Educativos de la Fundación. El casal de verano, de lunes a viernes de 9 h a 15 h, se puso en marcha el 22 de junio, el primer día en que Barcelona accedió a la Fase 3 de desescalada, y terminará el 28 de agosto.

Protocolos para evitar contagios

Además de la constante desinfección de los espacios, en los momentos de llegada y salida, al realizar las actividades en el centro y a la hora de comer se requiere un extra de organización para cumplir la normativa sanitaria y evitar contagios. De este modo, por la mañana cuando llegan las familias con los pequeños se organizan en diferentes grupos para entrar de forma escalonada, y a la hora de comer se usan diferentes espacios de la Fundación, para mantener la distancia de seguridad. También es necesario que padres y madres comprueben que sus hijos e hijas no tengan ningún síntoma y les tomen la temperatura antes de salir de casa. “Tenemos que ser muy rigurosos en este aspecto”, afirma Eva, por eso cada día rellenan una parrilla con el estado de salud de cada niño o niña.

Ir a la piscina, a la playa o jugar a la pelota en el exterior son actividades que se combinan con talleres y juegos en el interior, especialmente en las horas de más calor. “Intentamos realizar el máximo de actividades al aire libre y en contacto con la naturaleza”, dicen las monitoras mientras algunos niños desayunan y otros sudan la camiseta jugando a fútbol en una placita del barrio.

“Tras una situación traumática como la del confinamiento, la pedagogía de emergencia actúa como los primeros auxilios para que cuerpo, mente y emociones vuelvan a su ritmo” 

 

Además de las recomendaciones de la Administración, en la Fundación de la Esperanza han apostado por una interesante forma de intervención educativa: la “pedagogía de emergencia”, más conocida en entornos de catástrofe natural que en casales de verano, pero muy útil para afrontar situaciones de choque emocional como la que se puede dar en muchos niños y niñas tras una situación como la vivida.

Se trata de poner en marcha técnicas de “primeros auxilios para mantener sanos el cuerpo, la mente y las emociones justo después de un trauma, en este caso el freno de nuestro ritmo de vida a causa del confinamiento”, asegura Sandra Vericat, pedagoga de emergencia de la Fundación. Vericat es su adulto de referencia para que muestren sus emociones, apodera a niños y adolescentes para perder miedos, con rutinas o rituales (el círculo de bienvenida es un buen ejemplo de ello) y en contacto con la naturaleza, motivo por el que los niños se desplazan a Collserola como mínimo un par de veces por semana y también a la piscina, cedida por un hotel del centro de Barcelona actualmente cerrado por la falta de turistas. Según la pedagoga, “en pocas horas de casal la mayoría se abren, hacen preguntas y se plantean cuestiones que probablemente no se plantearían en casa”.

Además de la sostenibilidad emocional y educativa de los niños, el casal también trabaja valores como la sostenibilidad medioambiental, eliminando al máximo el uso de plásticos -con un catering biodegradable y con botellas de uso individual para todos los participantes- y a través de los centros de interés del casal -hilo conductor de todas las actividades que se realizan-.

 

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