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Alimentación saludable para vivir y sentir mejor

octubre 2020

Fundación de la Esperanza

AIDIR, Alimentación, Casa de Recés, Hambre emocional, Salud

Todo el mundo sabe que una buena alimentación combinada con alguna actividad deportiva es clave para tener una buena salud física. Pero nuestra salud emocional también está relacionada con nuestros hábitos alimentarios. Cuando estamos estresados o sentimos angustia muchas veces acudimos a la nevera para devorar algo que nos haga sentir mejor. También acostumbramos a confundir hacer dieta con comer menos. Para resolver dudas sobre diferentes dietas y el consumo de alimentos o evitar falsos mitos como éstos, el departamento de Enfermería de AIDIR Ciutat Vella se ha acercado hasta la Casa de Recés para explicar a sus residentes algunas cuestiones a tener en cuenta para mejorar su alimentación.

Dentro de la Casa, las residentes siguen una dieta, revisada por nutricionistas, “que tiene muy en cuenta el bienestar y la salud”, afirma Lorena, que es enfermera de AIDIR y colabora con la Fundación de la Esperanza. Se hace respetando las posibles restricciones de alimentos en caso de necesidad por cuestiones de salud, o bien por motivos de tipo religioso o cultural. Aun así es importante que las jóvenes adquieran buenos hábitos, dentro y fuera de la Casa.

Y es que para seguir una dieta equilibrada “no se trata de comer menos, de lo que se trata es de hacerlo mejor, adquiriendo hábitos saludables”, asegura una de las estudiantes de enfermería de AIDIR que explica a las jóvenes como está configurada la pirámide alimentaria. Además de tener en cuenta la pirámide para comer la cantidad necesaria de cereales, verduras, proteínas o lácteos en cada comida, “también hay que fijarse en otras cuestiones”, dice. Masticar bien, evitar el exceso de fritos y de bebidas gaseosas o no estirarse justo después de comer, resultan imprescindibles para poder hacer una buena digestión.

Hambre emocional

 

Otra cosa es como nos afecta nuestro estado de ánimo en la forma de comer. Desde muy pequeños usamos la comida a modo de recompensa o de consuelo: “si te portas bien, te podrás comer un caramelo”, “hoy me ha ido el día fatal, necesito una pieza de chocolate”… También nos evoca recuerdos: “cómo recuerdo los canelones de la yaya”, “y el chocolate con churros que comíamos cuando venían las primas a casa”… En definitiva, la comida también está estrechamente ligada a las emociones. Es por eso que cuando queremos incidir en nuestra alimentación tenemos que tener en cuenta también como nos sentimos.

 

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